CAPITULO 1.- EL PRIMER DIA EN APPALOOSA PLAINS
Adam acaba de despertar en medio de un solar en Appaloosa Plains, sin saber muy bien cómo ha llegado, ni de donde viene, ni quienes son sus padres.
No recuerda nada de su infancia, ni de su adolescencia... solo sabe que se llama Adam Masterson y que el solar en el que acaba de despertarse, el situado en el Paseo de la Pomona número 1007 de Appaloosa Plains, es de su propiedad. O al menos eso asegura una escritura que tiene en su bolsillo.
El solar es bastante grande, 64x64 cuadros, y que está valorado en 8.192 simoleones. Pero esta completamente vacío.
Aunque no sepa porque está aquí, Adam se da cuenta que algo tendrá que hacer para sobrevivir. Y lo primero consiste en construir una casa, pero hay un problema: solo cuenta con 1.800 simoleones en su bolsillo.
Así que la casa que construye esta a medio camino entre la barraca y el cuchitril.
Pero Adam está encantado con su nuevo hogar...
... aunque no es mas que un pequeño cubículo de 3 x 3 donde apenas caben cuatro muebles y un retrete.
Pero Adam esta conforme con lo que ha conseguido: una nevera y una tele del año que atacaron...
... y un sofá hecho por el mismo con cuatro cajas, dos tablas y un par de colchonetas, separado del retrete por un tabique.
Aunque hay un pequeño problema: a Adam construir y amueblar esta caseta de obra le ha costado 1800 simoleones, por lo que está con los bolsillos completamente vacíos.
Decide que lo mejor que puede hacer ahora que ya tiene una casa es explorar este pueblo donde se encuentra.
Y, después de dar varias vueltas por las calles sin encontrar un alma, decide entrar en una taberna que lleva el sugerente nombre de "El Abrevadero".
Ve, preocupado, que la puerta esta vigilada por una tía que controla quien entra y quien no. Por lo que teme que no le dejen entrar.
- Oiga señorita ¿podría entrar en esta taberna? Me encantaría poder ver lo que hay dentro pero no se si estoy al nivel- le suplica a la segurata que se llama Alani, según lo que pone en la plaquita de su uniforme.
- Si, tranquilo, pasa. Esto es un antro inmundo y aquí entra cualquier pelagatos. Y tu tienes pinta de ser un pelagatos, así que pasa, pasa- responde ella.
Muy contento Adam entra en la taberna, que resulta ser un lugar bastante poco cool.
Tras la barra ve a una chica muy guapa, y que parece simpática, así que, ni corto ni perezoso, Adam se lanza a darle conversación.
A la buena mujer, o lo que sea (por alguna extraña razón se llama Ángel), no le interesa lo más mínimo que Adam sea nuevo en la ciudad y que tenga un serio problema de memoria, que no recuerde nada de su infancia y que se haya construido una casa en el Paseo de Pomona, de la que está muy orgulloso. La chica se está aburriendo mortalmente.
- Oye cielo ¿vas a tomar algo?- le pregunta de sopetón a Adam para ver si se calla de una vez.
-Estoooo... es que no tengo un simoleón- responde un poco apurado Adam.
- Vaya. Yo no se porque pagamos a una segurata si deja entrar a todos los mendigos que pasan por la puerta. Nos saldría mas barato colocar un espantapájaros.- Refunfuña la camarera mientras se pone a fregar vasos.
El caso es que de repente entra una nueva clienta hambrienta y él/la camarero/a se olvida de Adam. Se trata de una mujer que tiene mas patas de gallo junto a sus ojos que una granja avícola.
Ángel le prepara rápidamente una ración de nachos (total, esta mujer no parece que vaya a ligar ni con un ciego, así que no hace falta que vigile su figura). Algo que da una idea a Adam.
La buena mujer se ausenta durante un segundo de la barra para ir al baño y Adam, que tiene bastante hambre y ni un simoleón en el bolsillo, le manga el plato...
... se come los nachos tranquilamente sin que Ángel se de cuenta de que el joven se está comiendo nachos ajenos...
... y cuando vuelve la señora del baño, ya no queda ningún rastro del crimen.
- ¿Dónde están mis nachos?-pregunta ella al volver a sentarse.
- No lo se. ¿No se los ha comido ya?- le dice Ángel que por lo visto necesita gafas.
- Ay, no se. Yo diría que no, pero aquí no están y yo tengo mucha hambre. Bueno ponme otro plato, guapa- decide al final ella.
Y Ángel le pone otro plato de nachos mientras Adam se hace el loco.
Con el estómago lleno Adam decide subir al piso superior de la taberna, donde parece que se encuentra el hogar del jubilado del pueblo.
Allí encuentra a Li Lo, una coctelera muy simpática que aguanta estoica el rollo que le suelta Adam sobre su extraña llegada a Appaloosa y sus problemas económicos.
Adam, que no tiene nada mejor que hacer que estar en la taberna, aguanta hasta que cierran y lo echan a la calle. Entonces, como ya es muy de noche y no tiene sentido dar vueltas por la calle, así que se va a su casa. No le queda mas remedio que ir andando, aunque este muy cansado, porque no tiene ningún otro medio de transporte, ni dinero en los bolsillos para pagarse un taxi.
Al llegar a su casa está tan agotado que cae rendido en el "cómodo sofá" de su "acogedora casita" y se queda completamente dormido al instante.
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